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La Hacienda

La Hacienda de Tenango ofrece una casa de nueve habitaciones con baño, cinco jardines sombreados por enormes árboles, adornados con flores de buganvilia y enmarcados por el hermoso casco antiguo de la hacienda del siglo XVII. Adicionalmente cuenta con dos albercas, cancha de squash, un gran salón de usos múltiples, baños de invitados y de servicio y estacionamiento para cien coches.

Contigua a la hacienda se encuentra la que fue en su dia la capilla de la hacienda, hoy una gran iglesia con culto regular, orgullo del pueblo de Tenango;

La Hacienda está disponible para bodas y eventos de todo tipo como convenciones o XV años, fines de semana, vacaciones y locaciones. Se puede rentar en su totalidad o en parte a precios muy accesibles y en paquetes específicos a las necesidades y presupuesto de quien lo solicite.

De igual forma, contamos con convenios con servicios de banquetes para todos los gustos y presupuestos, así como todos los servicios que desee contratar. Nuestra Coordinadora de Eventos, le puede ayudar con todos los detalles para personalizar su boda o evento de acuerdo a sus gustos y presupuesto.

La iglesia

La capilla de la Hacienda de Tenango fue construida por sus propietarios a principios de 1700 en el mejor estilo barroco poblano. La cúpula está adornada con bellos azulejos de talavera y sus fachadas recubiertas de artesonados pintados a la usanza en color “sangre de buey”. Su amplio interior tiene capacidad para cientos de personas, el altar mayor es de estilo neoclásico adornado con la imagen de Santa Ana, patrona de Tenango y en la parte superior hay un gran coro para los músicos.

En la actualidad la Iglesia ha sido cuidadosamente restaurada, convirtiéndose en la Iglesia del Pueblo de Tenango y orgullo de sus pobladores, pertenece a la parroquia de Jantetelco.

La Historia

Santa Ana Tenango tuvo su origen en una Merced Real del año 1592. Al principio fue un humilde trapiche de caña que, con el paso de los siglos, se convirtió en uno de los más importantes ingenios azucareros del actual estado de Morelos que, al finalizar el Porfiriato, pertenecía a una de las propiedades más importantes de la región morelense, conformada por más de 68,000 hectáreas de tierra, divididas entre cinco ingenios y 2 ranchos.

Tan sólo Tenango, abarcaba más de 38,000 hectáreas y contaba con el ingenio más productivo y moderno de la región.

Debido a que la producción de azúcar era un proceso complicado y en ocasiones poco rentable, Santa Ana Tenango tuvo muchos propietarios. Seguramente el más famoso de éstos fue Don José (o Joseph) Antonio de Zalvide Goitia, quien arribó a la Nueva España por el año de 1750 procedente del País Vasco.

Cuentan las leyendas locales que a él le seguía un séquito de más de cien gatos por todas partes, además de tener la capacidad de estar en más de un sitio a la vez y practicar la brujería. Sin embargo, lo cierto es que fue quien consolidó la importancia de Santa Ana Tenango como importante productor de caña de azúcar.

A la muerte de don José, éste heredó la propiedad a su medio hermano, don Gregorio (o Gorgonio) Nicolás Icazbalceta quien administró y acrecentó su superficie, además de mejorar la calidad de la azúcar aquí producida. Al morir éste en 1805, Santa Ana,
además de las haciendas Santa Clara Montefalco y San Ignacio Urbieta, fueron heredadas a sus tres hijos Nicolás Fernando, Ana Ramona y María Josefa. La administración de las propiedades recayó en Nicolás Fernando, hasta que en 1829 Ana Ramona contrajo nupcias con el rico comerciante y excelente administrador de nombre Eusebio García Monasterio, recibiendo como dote Santa Clara Montefalco.

Nicolás Fernando fue un administrador menos hábil que su padre pues, por sus malos manejos, pronto comprometió Santa Ana Tenango con innumerables hipotecas y deudas, lo cual provocó que se realizara un concurso mercantil, el cual ganó su cuñado Eusebio García Monasterio, quien como dueño la hizo más prospera.

A la muerte de doña Ana y don Eusebio, las haciendas quedaron bajo la administración de sus sietes hijos, quienes dieron forma en 1853 a la Sociedad García Icazbalceta Hermanos. El menor de ellos don Joaquín García Icazbalceta (1825-1894), al paso de los años, quedó como único administrador y propietario de esas propiedades. Además de ser excelente hombre de negocios y admirado benefactor, fue uno de los más importantes hombres de letras, considerado el padre de la historiografía eclesiástica sobre el siglo XVI y uno de los historiadores más importantes del siglo XIX.

Al fallecer don Joaquín, su hijo don Luís García Pimentel (1855-1930) tomó las riendas del negocio familiar. Entre las mejoras realizadas a las haciendas encontramos la modernización de toda la maquinaria utilizada en la zafra y en la producción de la azúcar; la construcción de un canal de 57 kilómetros para traer el agua de riego desde Cuautla, así como la instalación de un dínamo que proveía de electricidad a sus ingenios y de luz a los cascos de las haciendas; esta fue la “época de oro” de Santa Ana Tenango.

Durante los primeros años del levantamiento armado iniciado en 1910, todas las propiedades siguieron funcionando, gracias al pago de una póliza de seguros de Loyd’s of London por 14,000 libras esterlinas y al esfuerzo de los hijos varones de don Luis quienes, entre otras cosas, formaron un ejército para defensa de los ingenios, conformado de empleados que tenían a su servicio, de origen japoneses. Con esto lograron producir azúcar hasta 1914, cuando gran parte de la familia García Pimentel tuvo que dejar el país, exiliándose en los Estado Unidos hasta 1919, año en que regresan a México.

Se dice que los ingenios y la “Casa Grande” fueron destruidas por el fuego y la dinamita de los ejércitos surianos comandados por Emiliano Zapata, aunque lo más probable es que hayan sido las tropas constitucionalistas que buscaban con ello eliminar toda fuente de abastecimiento alimentario y financiamiento económico del ejercito zapatista.

Se dice que Santa Ana Tenango ardió durante ocho días. Los restos de la magnífica construcción quedaron en completo abandono, las fertilísimas tierras en donde se cultivaba la caña de azúcar, fueron invadidas por la maleza y toda actividad económica cesó por completo. La hacienda de Santa Ana de Tenango y sus tierras quedaron en total abandono.

En 1949, don Luís Bernal García Pimentel, nieto de don Luís, junto con su esposa doña Mercedes Martínez del Campo Cuevas, llegaron a la Hacienda de Tenango para retomar las labores agrícolas. En esta ocasión no sembraron caña de azúcar, sino hortalizas, algodón, tomate y, principalmente, melones que se exportaron a Europa y Estados Unidos. Con gran entusiasmo y mucho cariño, iniciaron la reconstrucción del casco de la hacienda, plantando árboles, pasto y flores en donde antes existieron máquinas, trapiches, purgares y demás adminículos para la fabricación del azúcar. El resultado de todos esos años de trabajo y dedicación son los jardines de extraordinaria belleza que hoy se pueden admirar, entremezclados con las ruinas antiquísimas del que alguna vez fue uno de los ingenios más grandes e importantes de Morelos.

CONTACTO

Será un placer atenderle, con gusto podemos organizar una visita a la Hacienda de Tenango a su conveniencia.

Estamos a sus órdenes en el Email:

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Teléfono: +521 553 961 5667